En mi propia oscuridad

Hoy es necesario hablar de algo, que muchas veces nos avergüenza, nuestro lado oscuro; ese donde nos enfrentamos a los demonios y a los miedos que nos han perseguido a lo largo de nuestra vida.

Tal vez, viendo todo desde una perspectiva diferente, puedo afirmar que lo ocurrido, no es más que el avance de una vida que ha tenido altibajos. Pero hay que reflexionar sobre esos momentos complejos, donde el aislamiento es la norma y lo único que se desea es que el sufrimiento interno se vaya, a cualquier costo.

¿A cuántos demonios me he tenido que enfrentar? ¿Cuántas veces los miedos se han apoderado de mí? ¡Ya no lo sé, he perdido esa cuenta! Lo mejor es luchar y derrotar cada demonio y cada miedo, cuando intentan apoderarse de mí espíritu.

¡Eso sí! Hay momentos donde los demonios y miedos me controlan, buscando llevarme a lugares, de los cuales prefiero no volver. Lugares, donde la ausencia de luz es evidente y donde el silencio toma el poder.

Pudiera considerar algo “normal”, que esto ocurra; pero desespera cuando no se ve una salida. Cuando parece que la condena a quedarse en la permanente noche es eterna.

Ante lo que parece no tener esperanza, siempre la habrá. Hay que buscar en los más profundo del alma, esa luz que brille en la oscuridad. Que la esperanza vuelva a llegar y que no haya ninguna duda de que todo se puede lograr, por muy imposible que parezca.

¡Todo pasa! Dice una sabia frase… ¡Todo pasa! Esa es una gran verdad…

Quisiera afirmar, que no volveré a ese lugar oscuro; pero es algo que no sé. Solamente me queda luchar, día a día, para no volver. Tampoco quiero que nadie vaya para allá, porque sé que puede haber un punto en el cual no hay retorno.

Y como no deseo volver a la oscuridad, lucho y hago el esfuerzo porque la luz se mantenga, que sea permanente, a pesar de las dificultades. Porque la verdad es que ¡Todo pasa!

Espero, querida amiga, que esta confesión no te incomode, pero se hace necesaria, ya que, con los años, uno va perdiendo cierta magia que genera esperanza. Eso sí, la esperanza, ahora se transforma en algo mucho más consciente y se construye, todos los días, tratando de recuperar ese espíritu, donde la esencia se mantiene.

Aquí estoy, comprendiendo que de esa oscuridad he salido, con un gran esfuerzo y con la ayuda de algunos; retribuyendo hacía otros, la posibilidad de que vean lo hermoso de mantener el espíritu en luz y no con sombras.


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